Entre la presencia y la ausencia

por María Fernanda Cartagena

“exposición”, título dado por Estefanía Peñafiel Loaiza a su primera muestra individual en el país, alude por un lado al protocolo de despliegue de contenidos y juego de miradas que se activan en la galería, y a la alternancia de luces y sombras que atraviesa la sutil poética de su propuesta artística. La artista también se interesa por cómo los objetos, imágenes o textos, concebidos en otros lugares, activan diferentes lecturas al exponerse en este nuevo contexto. ¿Qué elecciones se toman para una exposición? ¿Qué se muestra y qué se omite? La muestra explora, a través de dispositivos visuales que acentúan el proceso, el tiempo y el encuentro, la visibilidad-invisibilidad de sujetos, geografías o acontecimientos. A través de una serie de ejercicios de la mirada, la artista contrarresta la contemplación pasiva y nos desafía a cuestionar nuestra observación a diferentes imágenes, sus contextos de circulación, sus contornos y efectos estético-políticos.

“exposición”, concibe a la representación, ya sea imagen, texto u objeto, no como algo estable, sustancia fija o verdad absoluta, sino como espacio de paradojas y conflictos. Henri Lefebvre sostiene en su “Contribución a la teoría de las representaciones” (1980) que para superar la relación “presencia-ausencia” como fenómeno de opuestos binarios, se debe analizar y exponer este vínculo como movimiento dialéctico que implica tanto unidad como contradicción. Así, el filósofo francés coloca a la representación como lugar intermedio que articula esta ambigüedad. La imagen deviene en sustituto de la presencia en la ausencia o presencia perdida. La obra de la artista va más allá de la dicotomía señalada y abre el camino para el juego de las presencias y ausencias, o de las claridades y sombras que toman parte en la representación y sus diferentes circuitos como espacios para el escrutinio de relaciones de poder.

Entre sus obras, “sin título (figurantes)” (2009- en proceso) exacerba, por medio del borrado de la imagen, la ausencia y despersonalización que los medios impresos reproducen de sujetos en los márgenes como entes abstractos, homogéneos y anónimos. “del rigor en la ciencia (2011) presenta un corte ondulante, provocado desde el inconsciente, en el seno de la cartografía imperial. “cartografías 1. la crisis de la dimensión” (2010) repasa un capítulo del libro “Ecuador (1928) de Henri Michaux como construcción discursiva e imaginaria que se desvanece. “no vacancy” (2011) expone la imagen en negativo de un obrero como sujeto invisible, huella espectral o fuga continua. “cherchant une lumière garde une fumée(en busca de la luz, preserva el humo) señala cómo las imágenes de incendios urbanos multiplicadas y sobre-expuestas en los medios masivos, conducen a su negación e invisibilidad. Si occidente necesita del reconocimiento y simultánea negación del otro, ya sea sujeto, territorio remoto o episodio amenazante, para alcanzar la ilusión de plenitud, la obra de Estefanía acentúa su desaparición y permite que ese otro regrese y emerja politizado, restituyendo su latencia y potencial transgresor. La presencia de las ausencias en la obra de Estefanía no se refiere a una sustancia o forma, sino que supone e implica un intenso momento o instante que deviene en acto político.                      

Citas literarias, científicas, cinematográficas, fotográficas y artísticas son capturadas, intervenidas y re-contextualizadas para abrir incisivas preguntas sobre las representaciones y los regímenes de valor que las dotan o despojan de sentidos. La economía de elementos, reducida cromática y espíritu efímero de la muestra puede considerarse como estrategias de resistencia y crítica a la saturación visual contemporánea, donde mínimos gestos estimulan profundas reflexiones en diálogo con la potente tradición de desmaterialización del arte. Esta “exposición” reúne obras exhibidas en otros contextos, en proceso, o recreadas para esta ocasión, por lo que la re-contextualización y re-significación de las mismas constituye una variable fundamental para la artista, sobre todo si consideramos que este nuevo contexto resulta tan cercano, como lejano para Estefanía y su obra.

Quito, 2012