Poética de la desaparición

Ana Rodríguez

 

La obra de Estefanía Peñafiel Loaiza trabaja sobre la visibilidad y el índice, a través de gestos como la yuxtaposición, el borramiento y la repetición. Cuando trato de describir el gesto que recorre esta obra imagino una experiencia cinematográfica, la de entrar en una sala oscura donde la luz de proyección se prende y se apaga, dejándonos ver sólo algunas secuencias yuxtapuestas de las que queda una huella evanescente en nuestros párpados. Es una invitación a “hacer tiempo”.

Para dar cuenta de ese gesto me voy a concentrar en tres temas/obras: cuenta regresiva (2005-2013), sin título/figurantes (iniciada en 2009), no vacancy (2011), y la idea del viaje que importa las series una cierta idea del paraíso, espejismos y cartografías.

El gesto que opera en cuenta regresiva –lectura performática y en reversa de las constituciones políticas ecuatorianas en toda su historia republicana, busca la dimensión singular (el tono de voz) en lo universal (el principio, la ley). La artista lee en voz alta las constituciones no en una operación comunicativa sino en un gesto indicial. Al hacerlo rememora no tanto la relación entre esos dos términos (singular y universal) sino que produce un tercer término referente al cambio, a la transformación, al movimiento (la dimensión constituyente e instituyente). Durante su última lectura en Ecuador delante del edificio del Congreso, una ráfaga de viento produjo un violento sacudón de puertas y un remolino de polvo, mientras la artista leía los artículos de La Carta Liberal (Constitución de 1906), relativo a “las atribuciones y deberes del Poder Ejecutivo”,  justo en el segmento correspondiente al siguiente artículo: “El Congreso dictará su resolución aprobando el procedimiento del Gobierno, o, declarando su responsabilidad”. De este modo, el movimiento atmosférico quedó registrado, produciendo un nuevo índice, abriendo la obra a una nueva lectura y escritura.

La aparición de los figurantes es posible por la intervención de la artista sobre la materia impresa de los diarios: cuando la artista borra a la persona que aparece en la fotografía reproducida en blanco y negro en el diario, queda un pequeño residuo, unos rollitos negros hechos de papel, tinta y borrador. Ese vestigio particulariza la operación, es único, transforma lo masivo y homogéneo (el medio de masas) en una acción singular. El residuo es conservado en un frasco. Cada frasco recibe un número y se coloca junto a otro igual. El ciclo de la estandarización recomienza, sólo que esta vez, a través de la imagen que representa el gesto (recipientes llenos de falsas pieles producidas por una labor manual), y de la ausencia marcada e indexada en aquello que parece irreversible o icónico (las imágenes mediáticas). Así, su trabajo aparece como una mezcla sutil de imágenes ambiguas y gestos controlados que producen una escritura que al leerla o al reconocerla, nos revela como parte de una comunidad borrada, pero una comunidad que no había sido enunciada como tal, al menos hasta ese momento. Al suprimir cada uno de esos cuerpos, la artista nos hace pensar en la singularidad de la persona a la que corresponde a ese borramiento, evidenciado el carácter de impronta de toda existencia, y el carácter arqueológico del gesto artístico.

Cuando he podido acercarme al trabajo de taller de la artista, he visto algunos residuos de figurantes que buscan su sentido en el espacio. He visto fragmentos de cuerpos, manos, pieles, recortados de diarios, que por sus posturas o texturas resultan intrigantes e indiciales. Figurants en francés nombra a los “extras” del cine o del teatro. Son los personajes anónimos que rellenan la escena para que sea verosímil, es decir para que parezca la realidad filmada y no la realidad creada o construida. A plena luz del día, Peñafiel Loaiza crea escenografías mínimas para historias de manos fotografiadas, reproducidas y apenas perceptibles, cuya presencia velada-revelada resulta más cierta que cualquier presencia física, así como la piel sintética y clasificada de los figurantes borrados remite a una inminente dialéctica del contacto. De igual modo, las huellas de luz de los cuerpos de los obreros permanecen en una suerte de no vacancy, como fantasmas, mostrando el carácter biopolítico que relaciona espacio, tiempo y cuerpo de trabajo.

Finalmente, quisiera mencionar el viaje geopolítico que la artista propone con su obra. Es un viaje por una escritura fragmentaria que permite reflexionar sobre la existencia marginal de la historia y la memoria. El chocolate y Guamán Poma de Ayala; la reescritura del texto de Michaux sobre el Ecuador; la Cannibalia, el Caribe y las líneas de horizonte, son temas que reinciden sobre la representación exotista del mundo andino y americano para proponer su actualidad geopolítica desde una maniobra crítica, que condiciona y formula por su capacidad de destituir el mapamundi y el barroco, y de reescribir por fuera del registro científico unas nuevas historias a las que la artista imprime una distancia analítica y un tempo diferente.

Quito, marzo de 2013